domingo, 2 de marzo de 2014

El paraguas



La discapacidad se convierte en un paraguas, en ocasiones. No debiera serlo, no debieran las personas juzgar sin conocer. Qué es conocer a una persona, por otra parte. Cuándo creemos conocer a una persona. Llegar a la médula, superar los prejuicios. Y eso, superar los prejuicios, muy pocos lo consiguen. Nuestros propios ojos nos condicionan siempre: vemos sólo que queremos ver, lo que nuestro interior más íntimo quiere ver, lo que nuestros sentimientos más profundos e inconfesables nos obligan a ver. El inconsciente, que decía Freud. Condicionados por el inconsciente. ¿Hasta qué punto una persona es libre? ¿Hasta qué punto la libertad está ahí afuera, al otro lado de unos barrotes? La discapacidad invisible siempre estará rodeada de prejuicios, porque no es cuestión de dar un paraguas, poner una nueva etiqueta, o dar por fin visibilidad a la dificultad que tiene la persona... sino que se trata de sociedad, de educación. De aprender a mirar. Para borrar los prejuicios que rodean la discapacidad es necesario cambiar el mundo.



jueves, 5 de septiembre de 2013

El arte del pulimento

La comunicación es difícil. Una se pasa la vida aprendiendo a comunicarse. Y entiendes que, en primer lugar, debes ser un buen receptor para conseguir enviar el mensaje de la forma correcta. Desechar los prejuicios, las interpretaciones precipitadas... Las turbiedades con las que analizamos cada palabra. Cada gesto. Hay que trabajarse mucho por dentro para decir una palabra ahí afuera. O para "saber" decir una palabra. Debes aprender a ver al otro, sus necesidades y carencias emocionales, para adecuar la forma de tu discurso a la persona que tienes enfrente. O de lo contrario te equivocarás siempre... porque el mensaje ya no dependerá de ti: mágicamente, las palabras se convierten en otras del todo diferentes. Grandes desconocidas que miran tu cara de bobo y te dicen "tú me escribiste". Y es entonces cuando, sorprendido, señalando a tu interlocutor, respondes "yo no fui, sino esa otra persona". La comunicación es muy difícil. Pero que muy difícil. Porque hoy en día no depende del emisor, sino sobre todo del receptor. Un mismo libro, dicen, contiene mil historias y emociones diferentes. Tantas como lectores. Por fin entiendo mejor la respuesta a la pregunta.

-¿De qué murió?
-Se asfixió con las palabras que nunca dijo.

Ahora sé que esa persona hablaba mucho. Que no paraba de hablar. Que no callaba un sólo pensamiento. Que trataba de expresar todos y cada uno de sus sentimientos. En todos y cada uno de los instantes de su vida. Pero que, en realidad... nunca dijo una sola palabra. Porque nunca supo comunicarse de forma correcta, víctima de la ansiedad por transmitir sus sensaciones. Tal vez, en alguna ocasión, en algún tiempo... yo fui una de esas personas. Y por eso lo entiendo. Pero ahora la comunicación me importa mucho. Un tropiezo, otro. Aprendo todos los días. Se trata de observar, de pulir, de apreciar la medida exacta que debe tener una palabra en un discurso para que el mensaje que envías se distorsione lo menos posible. Es una tarea de artesanos. ¿Quién dijo que fuera sencillo? No hay escritor si no conoce la existencia de este arte -la tinta, qué complicada forma de comunicación-, y por supuesto no hay un buen comunicador si antes no ha conversado largas horas consigo mismo. Otra cosa son las "audiencias". El público. Lo que vende.

La comunicación es difícil. Una se pasa la vida aprendiendo a comunicarse. Un tropiezo, otro. Te equivocas de forma constante porque el mensaje no llega limpio. Y entonces reconoces que debes aprender a pulir con manos invisibles. Y cada día lo intentas. Y cada día te esfuerzas. Hasta que una mañana, de forma imprevista, te sorprendes a ti misma en el punto de partida... porque debes ser un buen receptor para conseguir enviar el mensaje de la forma correcta.

sábado, 3 de agosto de 2013

Espejos



Vivo rodeada de egos. El más importante de todos: el ego profesional. El más doloroso. El que hiere con una aguja afilada e inolvidable. Una vez escuché decir que el público perdona una grosería, pero la soberbia no la perdona nunca. En la mayoría de los casos... ¿la soberbia no está en los ojos del que mira? ¿No somos espejos, no somos reflejos íntimos del que mira? Amigo mío -me hubiera gustado decir tantas y tantas veces-, lo que te estás viendo es tu propio ego.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Amor burgués


Freud postula: "El amar en sí mismo, puesto que es anhelo y privación, disminuye la autoestimación, mientras que ser amado, el tener correspondido el amor propio y la posesión del objeto amado, la vuelve a elevar". Esta afirmación nos da una clave para comprender el concepto que tenía Freud del amor. El amar, que implica anhelo y privación, disminuye la autoestimación de uno. A aquellos que proclamaban la exaltación y vigor que el amar le da al amante, Freud les decía: "¡Todos ustedes está equivocados! El amar los hace a ustedes débiles; lo que les da felicidad es el ser amado". ¿Y qué es ser amado? ¡Poseer el objeto amado! He aquí una definición clásica del amor burgués: el poseer y controlar da la felicidad, trátese de un bien material o bien del caso de una mujer que, al ser poseída, le debe amor a su propietario.


E. FROMM. Grandeza y limitaciones del pensamiento de Freud

martes, 19 de julio de 2011

He empezado a leer las primeras líneas de "En defensa de la felicidad", de Matthieu Ricard. Me ha gustado mucho esta primera página:

"La felicidad no llega de forma automática,
no es una gracia que un destino venturoso puede
concedernos y un revés arrebatarnos; depende
exclusivamente de nosotros. No se consigue ser feliz
de la noche a la mañana, sino a costa de un trabajo
paciente, realizado día tras día. La felicidad se construye,
lo que exige esfuerzo y tiempo. Para ser feliz hay
que saber cambiarse a uno mismo".

LUCA Y FRANCESCO CAVALLI-SFORZA

lunes, 6 de junio de 2011

El guerrero de la luz...



Todo guerrero de la luz ya tuvo alguna vez miedo de entrar en combate.
Todo guerrero de la luz ya traicionó y mintió en el pasado.
Todo guerrero de la luz ya recorrió un camino que no le pertenecía.
Todo guerrero de la luz ya sufrió por cosas sin importancia.
Todo guerrero de la luz ya creyó que no era un guerrero de la luz.
Todo guerrero de la luz ya falló en sus obligaciones espirituales.
Todo guerrero de la luz ya dijo sí cuando quería decir no.
Todo guerrero de la luz ya hirió a alguien a quien amaba.
Por eso es un guerrero de la luz; porque pasó por todo eso y no perdió la esperanza a ser mejor de lo que era.