miércoles, 25 de mayo de 2016

La dignidad y el Dr. Menguele contemporáneo


Si alguna vez me pusieran encima de una camilla y me abrieran por la mitad hasta sacarme todas las entrañas, empapadas de una sangre espesa y maloliente, si alguna vez estuviera encima de una camilla y bajo el bisturí de un nuevo Dr. Menguele, sediento por conocer cada uno de los milímetros de mi cuerpo y de mi pensamiento... lo cierto es que, entonces, lo único que me quedaría es la dignidad. Porque nadie puede arrebatarte la dignidad. Porque durante la II Guerra Mundial los judíos fueron muy dignos, a pesar de su desgracia. Fueron dignísimos aunque estuvieran arrodillados, aunque perdieran sus ropas y lo perdieran todo, aunque sollozaran de desconsuelo y lloraran y gritaran en la cámara de gas... Los judíos fueron muy dignos. Y yo los admiro profundamente.

Si alguna vez uno o varios Dr. Menguele contemporáneos, vestidos de caballeros con sombrero de copa, con sus buenas palabras, con sus buenas maneras, llenándose la boca de buenos fines, justificando sus atrocidades por un hipotético bien a la ciencia y a la humanidad... si alguna vez me tropezara con unos individuos así, que metieran su mano putrefacta en mis entrañas más profundas, escarbaran, sonrieran y apretaran cada uno de mis órganos para que murieran de asfixia... Si esto ocurriera, entonces lo habría perdido todo. Pero lo único que me quedaría es la dignidad. Porque ella siempre está en pie. Porque tiene que ver con tu esencia como ser humano. ¿Has hecho daño a alguien en tu vida? ¿Eres capaz de sentir compasión? ¿Ayudas al prójimo?

La dignidad permanece en pie aunque caigas de rodillas y te peguen un tiro en la nuca. Miguel Ángel Blanco fue muy digno, aunque lo hicieran caer de rodillas. Él no perdió la dignidad. Y no la perdió aunque llorara. Si algún día viniera un Dr. Menguele a abrirme por la mitad y yo rompiera a llorar encima de su camilla de atrocidades, mientras viera cómo me extrae el hígado, los pulmones, el intestino... entonces mi cuerpo estaría vacío pero yo no habría perdido la dignidad. Es lo único que no habría perdido. Aunque, sin hígado, sin pulmones, sin intestino... habría perdido la vida.






martes, 24 de mayo de 2016

Mi lectura del Quijote en el Casino, parte del cap XIX

—¿Y quién le mató? —preguntó don Quijote.
—Dios, por medio de unas calenturas pestilentes que le dieron34 —respondió el bachiller.
—Desa suerte —dijo don Quijote—, quitado me ha Nuestro Señor del trabajo que había de tomar en vengar su muerte, si otro alguno le hubiera muerto; pero, habiéndole muerto quien le mató, no hay sino callar y encoger los hombros35, porque lo mesmo hiciera si a mí mismo me matara. Y quiero que sepa vuestra reverencia que yo soy un caballero de la Mancha llamado don Quijote, y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertos y desfaciendo agravios.
—No sé cómo pueda ser eso de enderezar tuertos —dijo el bachiller—, pues a mí de derecho me habéis vuelto tuerto, dejándome una pierna quebrada, la cual no se verá derecha en todos los días de su vida; y el agravio que en mí habéis deshecho ha sido dejarme agraviado de manera que me quedaré agraviado para siempre; y harta desventura ha sido topar con vos que vais buscando aventuras.
—No todas las cosas —respondió don Quijote— suceden de un mismo modo. El daño estuvo, señor bachiller Alonso López, en venir como veníades, de noche, vestidos con aquellas sobrepellices, con las hachas encendidas, rezando, cubiertos de luto, que propiamente semejábades cosa mala y del otro mundo; y, así, yo no pudeX dejar de cumplir con mi obligación acometiéndoos, y os acometiera aunque verdaderamente supiera que érades los mesmos satanases del infierno, que por tales os juzgué y tuve siempre.
—Ya que así lo ha querido mi suerte —dijo el bachiller—, suplico a vuestra merced, señor caballero andante que tan mala andanza me ha dado36, me ayude a salir de debajo desta mula, que me tiene tomada una pierna entre el estribo y la silla.
—¡Hablara yo para mañana37! —dijo don Quijote—. ¿Y hasta cuándo aguardábades a decirme vuestro afán38?
Dio luego voces a Sancho Panza que viniese, pero él no se curó de venir, porque andaba ocupado desvalijando una acémila de repuesto que traían aquellos buenos señores39, bien bastecida de cosas de comer. Hizo Sancho costal de su gabán y, recogiendo todo lo que pudo y cupo en el talego, cargó su jumento, y luego acudió a las voces de su amo y ayudó a sacar al señor bachiller de la opresión de la mula, y, poniéndole encima della, le dio la hacha; y don Quijote le dijo que siguiese la derrota de sus compañeros40, a quien de su parte pidiese perdón del agravio que no había sido en su mano dejar de haberle hecho41. Díjole también Sancho:
—Si acaso quisieren saber esos señores quién ha sido el valeroso que tales los puso, diráles vuestra merced que es el famoso don Quijote de la Mancha, que por otroXI nombre se llama el Caballero de la Triste Figura42.
Con esto se fue el bachiller, y don Quijote preguntó a Sancho que qué le había movido a llamarle «el Caballero de la Triste Figura», más entonces que nunca43.
—Yo se lo diré —respondió Sancho—, porque le he estado mirando un rato a la luz de aquella hacha que lleva aquel malandante, y verdaderamente tiene vuestra merced la más mala figura, de poco acá, que jamás he visto; y débelo de haber causado, o ya el cansancio deste combate, o ya la falta de las muelas y dientes.
—No es eso —respondió don Quijote—, sino que el sabioXII a cuyo cargo debe de estar el escribir la historia de mis hazañas le habrá parecido que será bien que yo tome algún nombre apelativo como lo tomaban todos los caballeros pasados: cuál se llamaba el de la Ardiente Espada; cuál, el del Unicornio; aquel, el de lasXIII Doncellas; aqueste, el del Ave Fénix; el otro, el caballero del Grifo; estotro, el de la Muerte; y por estos nombres e insignias eran conocidos por toda la redondez de la tierra44. Y, así, digo que el sabio ya dicho te habrá puesto en la lengua y en el pensamiento ahora que me llamases el Caballero de la Triste Figura, como pienso llamarme desde hoy en adelante; y para que mejor me cuadre tal nombre, determino de hacer pintar, cuando haya lugar, en mi escudo una muy triste figura45.
—No hay para qué gastarXIV tiempo y dineros en hacer esa figura —dijo Sancho—, sino lo que se ha de hacer es que vuestra merced descubra la suya y dé rostro a los que le miraren, que sin más ni más, y sin otra imagen ni escudo, le llamarán el de la Triste Figura; y créame que le digo verdad, porque le prometo a vuestra merced46, señor (y esto sea dicho en burlas), que le hace tan mala cara la hambre y la falta de las muelas, que, como yaXV tengo dicho, se podrá muy bien escusar la triste pintura.
Rióse don Quijote del donaire de Sancho; pero, con todo, propuso de llamarse de aquel nombre, en pudiendo pintar su escudo o rodela como había imaginado.
—Olvidábaseme de decir que advierta vuestra merced que quedaXVIdescomulgado por haber puesto las manos violentamente en cosa sagrada, iuxta illud, «Si quis suadente diabolo», etcétera47.
—No entiendo ese latín —respondió don Quijote—, mas yo sé bienXVII que no puse las manos, sino este lanzón48; cuanto más que yo no pensé que ofendía a sacerdotesXVIII ni a cosas de la Iglesia, a quien respeto y adoro como católico y fiel cristiano que soy, sino a fantasmas y a vestiglos del otro mundo49. Y cuando eso así fuese, en la memoria tengo lo que le pasó al Cid Ruy Díaz, cuando quebró la silla del embajador de aquel rey delante de Su Santidad del Papa, por lo cual lo descomulgó, y anduvo aquel día el buen Rodrigo de Vivar como muy honrado y valiente caballero50.
En oyendo esto el bachiller, se fue, como queda dicho, sin replicarle palabra. Quisiera don Quijote mirar si el cuerpo que venía en la litera eran huesos o no, pero no lo consintió Sancho, diciéndole:
—Señor, vuestra merced ha acabado esta peligrosa aventura lo más a su salvo de todas las que yo he visto; esta gente, aunque vencida y desbaratada, podría ser que cayese en la cuenta de que los venció sola una persona, y, corridos y avergonzados desto, volviesen a rehacerse y a buscarnos y nos diesenXIX en qué entender. El jumento está como conviene; la montaña, cercaXX; la hambre carga: no hay qué hacerXXI sino retirarnos con gentil compás de pies51, y, como dicen, váyase el muerto a la sepultura y el vivoXXII a la hogaza52.
Y, antecogiendo su asno53, rogó a su señor que le siguiese; el cual, pareciéndole que Sancho tenía razón, sin volverle a replicar le siguió. Y a poco trecho que caminaban por entre dos montañuelas se hallaron en un espacioso y escondido valle, donde se apearon y Sancho alivió el jumento; y tendidos sobre la verde yerba, con la salsa de su hambre54, almorzaron55, comieron, merendaron y cenaron a un mesmo punto, satisfaciendo sus estómagos con más de una fiambrera que los señores clérigos del difunto —que pocas veces se dejan mal pasar— en la acémila de su repuesto traían56.
Mas sucedióles otra desgracia, que Sancho la tuvo por la peor de todas, y fue que no tenían vino que beber, ni aun agua que llegar a la boca; y, acosados de la sed, dijo Sancho, viendo que el prado donde estaban estaba colmado de verde y menuda yerba, lo que se dirá en el siguiente capítulo.

My heart will go on

Me hubiera gustado tener una vida normal, con unas preocupaciones normales, con un trabajo normal, etcétera. Aunque qué es una vida normal. Qué es la normalidad. Hubiera querido que no apareciera en mi vida el mirador, que no apareciera la dama de elche, que no aparecieran tantas cosas. Pero han aparecido. Una no elige su camino, o al menos, tengo la sensación de no haberlo elegido. Me tropecé con la noria, me tropecé con la dama de elche, me tropecé con las ideas sobre la mente, me tropecé y me tropecé, y no he hecho otra que tropezar. Caer. Decepcionarme. Hacerme preguntas. Hubiera querido que todo hubiera ido sobre ruedas, sin estos estallidos de locura, si es que lo podemos llamar así. Leo el Quijote, y me siento un poco reflejada, por ese deseo de alcanzar la libertad, por esa confusión de realidades, por tantas cosas. Hubiera querido que no apareciera "El marqués de Avellaneda" en mi pensamiento, o que hubiera sido una obra más, sin estar relacionada con Cervantes, pero lo cierto es que ella es como es, ella me eligió a mí, es la sensación que tengo. Hubiera querido tener una vida normal pero no ha sido posible, y lo cierto es que he disfrutado esos momentos en los que parece que te levantas del suelo, instantes, minutos, horas, debo reconocerlo porque en la noria hubo un punto de diversión, en la reina de la noche hubo mucha diversión, amo profundamente mi obra de teatro y la siento como una hija, y bueno, es la vida que me ha tocado, y estoy orgullosa de la gente que me ha rodeado, he sido afortunada. Pero nadie será nunca como él. Con esos ojos.


lunes, 23 de mayo de 2016

La dignidad de las prostitutas

Venía pensando en qué interesante sería hacer entrevistas sobre sexualidad a las personas que viven de ella, me refiero a prostitutas, por ejemplo. Ayer lo comentaba con José Manuel. Son personas, tienen sentimientos, emociones... ¿qué historia humana hay detrás de cada una de ellas? Sé que sería difícil conseguir que se abrieran, porque sienten vergüenza, miedo, etc. Pero conocer su lado más humano sería tan positivo para todos... Y para ellas mismas, claro que sí. Me gustaría saber sobre todo cuánto de teatro hay en su trabajo, en la industria pornográfica y en los consumidores de este tipo de sexo para adultos, de fotografías y otras cosas relacionadas. Creo que hay mucho teatro.

Esto lo pensaba porque venía pensando en "la dignidad". En qué es la dignidad. Las prostitutas me parecen personas muy dignas si no hacen daño a nadie. Su profesión no tiene nada de indigno, en mi opinión. La dignidad me parece algo más relacionado con... con ser buena persona, quizá. Me gusta mucho esta película, Pretty Woman, creo que ha hecho mucho bien a la sociedad y a la profesión de la prostitución. ¿Por qué no somos más compasivos con las prostitutas? ¿Por qué la sociedad las rechaza como la peste? Julia Roberts en esta famosa película me parece una persona muy digna.



Y aquí, en este debate, se nos cuela la relación del mundo de la sexualidad y la mujer. Volviendo a la conversación que tuve ayer con mi amigo periodista, recuerdo que hubo un momento en el que comentamos que todavía hay muchos problemas sociales en torno a la relación de la mujer con la sexualidad y que en relación a los hombres no parecen haber esos problemas de aceptación social, etcétera. "Es cierto", dije, "pero los hombres tienen, al contrario, problemas en el terreno emocional". Es una lástima todo esto, deberíamos hablar más de la dignidad, preguntarnos qué es, preguntar sobre las emociones, preguntar, preguntar. Seguro que hay cientos de reportajes super interesantes que no he visto... Otra cosa son las mafias, la extorsión, los robos... todo eso es deleznable, por supuesto. E indigno.

viernes, 13 de mayo de 2016

La estupidez infinita

He estado recordando, durante la mañana de hoy, las palabras de Einstein acerca de la estupidez humana... decía el genio que esta es infinita. Así que, bueno, mis pensamientos y yo somos infinitamente estúpidos -como alguna vez he comentado- y así me he sentido esta mañana: entre la estupidez y la ignorancia y la risa. Pero qué quieres que te diga, ser infinitamente estúpido no es algo tan malo como se puede pensar, sino bastante divertido. Al menos en mi caso. Ser estúpido significa que tienes carta blanca para decir estupideces, y estas son liberadoras, uno se siente mejor, respira mejor, después de haber soltado alguna que otra parida. Los psicólogos deberían recomendar a las personas que los visitan que se hagan los estúpidos. Mira, ya sé de qué va a ir esa película que algún día rodaré y que olerá un poco a Woody Allen. El hombre desesperado e increíblemente culto que va al psicólogo porque no sabe qué le sucede, pues todo le va mal en la vida, y el psicólogo le recomienda que haga estupideces y se convierta en un estúpido infinito. ¡Estupenda idea original! ¿Y cómo convertirme en un estúpido "infinito"?, preguntará perplejo el hombre. Pero va a tener que trabajar mucho, amigo, porque la estupidez no es que salga de la noche a la mañana ¿sabe? Eso es una facultad que se tiene o no se tiene. Y los que somos estúpidos "infinitos" no le vamos a desvelar el secreto, ¡faltaría más! Es como el cáliz de la eterna juventud. El estúpido siempre va a poder decir que es estúpido, es como un escudo protector, la gente entiende que diga estupideces y hay algunos que hasta sienten lástima. Pero, ¿y el que no lo es? Pues entonces ya la hemos liado, porque si es usted un individuo culto, sofisticado, atento y maravilloso, todo desliz que pueda tener en el ámbito de la estupidez humana no va a tener justificación alguna, ni escudo protector, y es posible que no se lo perdonen nunca, o que pierda toda su credibilidad e incluso su trabajo, sus amigos, su familia, su hamster y su gato. El culto y sofisticado tiene todo que perder pero el estúpido infinito no. ¿Qué le puede pasar? ¿Qué le llamen estúpido? Si Einstein viviera le diría: colega, ser un estúpido infinito es relativo. ¡Según lo mires puede ser algo fabuloso!

sábado, 30 de abril de 2016

"Literatura con barreras"

Escribí un artículo para el periódico hace poco, titulado "Literatura con barreras". Pero no ha sido publicado, me parece, y no sé el motivo aunque me lo imagino. He mirado el periódico digital, mi padre ha estado viendo el periódico en papel... pero no lo hemos encontrado.

Decía que me parece profundamente injusto que no me pueda presentar al concurso literario de mi ayuntamiento -de una administración pública- y optar a los 5.000 euros de premio (nada más y nada menos!!!). Me siento discriminada. Muy discriminada, de manera especial porque yo he sido una de esas personas que han defendido la lengua valenciana, la han promocionado, y la han puesto en pie de igualdad con el castellano: como digo en el artículo, no vale más pero tampoco debe valer menos.

Esto de la discriminación positiva... bueno, debemos pensar en ello. ¿Cuál es la filosofía que tiene detrás? ¿Debemos quitar una caja a unos para ponérsela a otros? Si no me dejas participar en el concurso, me estás quitando una caja porque no me dejas siquiera optar a ganar dinero y lo necesito. Por ejemplo. ¿La discriminación positiva asume que es injusta en su búsqueda de justicia? Lo que no me gusta es que, muchas veces, se rechace la idea de estar siendo, al mismo tiempo, profundamente injustos. Así, dicho a lo bruto, es como ir tirando bombazos para evitar una guerra.

En la búsqueda de "un bien mayor", nos negamos a nosotros mismos.

Además, me parece una postura, también, profundamente egoísta. Porque a los discriminados se nos dice: "te tienes que aguantar, lo estamos haciendo por justicia". Es decir, sería algo así como decir: te exijo que seas solidario. Pero la solidaridad nunca debe exigirse, porque, por lo mismo de antes, se está anulando a sí misma. Deja de tener sentido. La "solidaridad" brota de un alma compasiva, de forma espontánea, si utilizamos un imperativo la solidaridad muere, pierde su naturaleza.

Ahora bien, ¿es lícito tirar bombazos para evitar una guerra? ¿El fin justifica los medios? ¿Qué opinamos de la manera en que terminó la II Guerra mundial, con el uso de las bombas nucleares? ¿Hay otras maneras de acercarnos a la justicia social que no sea con la discriminación positiva? ¿Es útil, no lo es? Podríamos hablar mucho de todo esto: discapacitados, mujeres... Pero que mucho. Aunque de cualquier modo, eso no me quitaría el convencimiento de que no dejarme participar en el concurso de mi Ayto. por escribir en castellano es discriminatorio, profundamente injusto y profundamente egoísta. A partir de ahí, podemos hablar de lo que quieras.


viernes, 29 de abril de 2016

Política emocional

Bueno, acabo de leerlo en un periódico digital, en una noticia que fue publicada hace días. Es lo que recordaba: Otegui comentó que condenar la violencia, por una parte de la izquierda abertzale sería "una humillación, como si te hubieras bajado los pantalones". A ver si un día de estos consigo ver de nuevo la entrevista completa a Otegui, porque en su primera emisión en Salvados se me escaparon bastantes cosas, o no presté la atención adecuada. Estamos hablando del sentimiento de humillación.

Más allá de esa entrevista, todas y cada una de las cuestiones políticas o sociales del planeta son cuestiones emocionales... ¿En eso estamos de acuerdo? Detrás de cada movimiento hay una/s persona/s, unas emociones y una mente. El impulso de las emociones es lo que hace actuar a una persona. Creo, por cierto, que esto lo deben de haber estudiado bien en publicidad.

Cuando le pregunté a un exdiputado de Esquerra Republicana por qué quería la independencia de Cataluña, me dio una larga respuesta y dijo que era una cuestión de sentimientos. Como señalando que su posición era inamovible porque venía de unos cimientos profundos. Para resolver la cuestión de Cataluña creo que se necesita "política emocional" pero también "periodismo emocional".

Me acabo de inventar un tipo de periodismo, supongo.